jueves, 2 de mayo de 2013

Si la vida te da limones…


Autora: Gabriela Ríos
Nacionalidad: Mexicana
Profesora de Inglés
Licenciada en producción y dirección de televisión
*Serie: Relatos sobre inmigración cualificada y mujeres profesionales extranjeras

 
Siempre fui muy  perseverante  para conseguir mis metas, incluso hice realidad el famoso sueño americano cuando me fui a vivir a los  Estados Unidos y  pensé que si  un inmigrante lograba triunfar en el país más competitivo del mundo, entonces también lo podría hacer en España.  Así que en un momento de ingenuidad en esa búsqueda constante de retos, decidí cruzar el charco creyendo que podría hacer realidad otro sueño profesional sin imaginarme nunca que se convertiría en una pesadilla.

 Siempre me gusto estudiar y fui la mejor de mi clase.  Actualmente  mi trabajo no tiene nada que  ver con mis estudios  y  mi experiencia profesional;  no tengo horario ni sueldo fijo y aunque mis honorarios siguen bajando, mis obligaciones fiscales siguen en subiendo. Como autónoma no tengo derecho al paro, ni mucho menos a resfriarme porque significa un día menos de pago. Pero es lo que hay, así que llevo  varios años haciendo de limones una limonada como dice el dicho.  

Y luego vino la crisis, palabra que me tiene  harta, como si no fuera suficiente haberla escuchado toda mi vida porque en países como donde yo nací, la crisis no es pasajera, sino constante así que uno aprende a sortearla desde muy joven.  Pero aquí los pone a todos nerviosos y  siempre te borran la sonrisa. Un simple retraso de autobús puede ser una chispa que enciende los ánimos ya caldeados de la gente, terminando  siempre los inmigrantes  teniendo  la culpa de todo lo que pasa en este país. 
Pues que me hago ciudadana española a ver si  así me ven distinto, pero no, para todos sigo siendo “la mexicana”.  Lo único diferente es que ahora tengo un documento nacional de identidad que realmente no me ayuda en nada porque el trabajo esta escaso para todos, no hay plazas suficientes en las guarderías públicas ni para los niños españoles como el caso de mi hijo ya nacido aquí.
  
Poco  a poco  los sueños profesionales van quedando  atrás, la única realidad  que tienes ahora  es trabajar sí o sí para que la mitad de tu sueldo pague la guardería y la otra mitad al  alquiler.  Por supuesto, mi condición de nueva ciudadana española tampoco  me da la seguridad que me pide un banco para poder proveer a mi hijo de  una necesidad  tan básica como  es una vivienda digna y estable.

Luego a esta  frustración hay que añadirle el sentimiento de culpa por no estar entre los  5 millones de parados y  sentirme afortunada de que al menos tengo limones, pero tanta limonada  te amarga y te corroe la autoestima, así que empiezas a estudiar otras posibilidades.

Te entran las dudas y te preguntas constantemente qué estás haciendo aquí, te sientes olvidada por la familia que dejaste en tu país y ajena al lugar donde vives. Para muchos el retorno es una opción, pero ya eché raíces y arrancarlas es un proceso igual de doloroso, así que no queda de otra que seguirle haciendo frente a las dificultades como regresando  a la universidad para estudiar una carrera completamente diferente y esperar  que la vida esta vez en lugar de limones me dé tequila y sal.

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